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UN ESCULTOR: JUAN BORDES
El escultor Juan Bordes vive el mar y la Playa de
Las Canteras, echada ante el Auditorio Alfredo Kraus y Palacio de Cogresos
de Canarias. Entiende a Tusquets. Pero, sobre todo, comprende a Néstor
y lo homenajea con un poderoso conjunto escultórico llamado, precisamente,
Paseando por la barra. Bordes soñó el edificio
como un "teatro simbólico del mar" donde la función
comienza en la colosal Sirena de la entrada principal, inspirada en el
caboso, y acaba en la inquietante Medusa que domina la fachada sobre el
mar.
Bordes descubrió el Caboso, pequeño
y popular habitante de los charcos de Las Canteras, y lo transmutó
en el monstruo antropomorfo de ojos saltones y labios carnosos, del que
contaban los antiguos marinos a la vuelta de sus exageradas aventuras.
Vio que si aumentaba sus proporciones en aluminio y acero sería
el perfecto guardián de la entrada.
La Medusa, en aluminio y bronce, encara al
mar sobre el gran ventanal del Auditorio. Su peligrosa mirada está
a punto de alzarse, dispuestas las pupilas gorgónicas a petrificar
la belleza del Oceáno. Es la fascinación mítica con
que atrapa la Atlántida. Y al escultor en cuanto a símbolo
de las posibilidades de transformación de la naturaleza.
El Rascacio, en acero, culebrea desde las profundidades, trepa hacia la
veleta remate del edificio con el dinamismo porfiado que lo arrancó
del fondo marino. El pequeño pulpo marino y la enorme raya instalada
en una de las terrazas completan la ornamentación exterior.
La evocación del mar siempre presente continúa
dentro. Los bronces de la escalera de acceso a la Sala Sinfónica
recrean un paseo por la Barra de Las Canteras, entre rocas y charcos,
caracolas, morenas y cangrejos, bandadas de pececillos y el gran mejillón
surgido de la Rosa de los Vientos. El mar se huele. Y las maderas del
interior de la Sala Sinfónica, desnudos femeninos, en los que el
artista une idealmente el Lido veneciano y la Playa de Las Canteras.
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